«Donde manda patrón»

En definitiva: la convergencia entre un periodismo al servicio de la publicidad y un periodismo descarnado que prima el impacto mediático por encima de la información, da lugar a un periodismo desvirtuado, que ya no busca tanto un público fiel - que te lea, escuche o siga de forma regular; que te priorice a la hora de informarse - como un público inmediato, venga de donde venga y se quede el tiempo que se quede. Esta situación, implementada por un entorno digital que la favorece - clickbaits, publicidad invasiva, redirecciones de páginas enlazadas - pone en entredicho la ética del periodismo, y contribuye, junto con las prácticas de las empresas, a la precarización de la profesión.
El periodismo se ha visto avasallado por la ficción, más certera a la hora de enganchar al público. Porque la ficción, por sí misma, es espectáculo. Tratar de convertir un discurso periodístico en lo mismo, cueste lo que cueste, con tal de vender y atrapar quizás no sea ético. Pero es lo que está ocurriendo.
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